He decidido marcharme de este planeta. Voy a explorar el universo. No quiero continuar conociendo lo que veo cada día, con más o menos hastío. Sin embargo sé que no puedo abandonar este planeta así como así y menos aún explorar el universo libremente, así que voy a tener que imaginarlo.
No sé concebir la vida tal como se me presenta, mis modelos parecen no encajar, de modo que probaré a concebir otra distinta. No encuentro cómo hacerlo, así que trataré de emplearme bien.
Simplemente salgo de dónde quiera que estoy, cierro los ojos y ya noto el silencio del espacio, la oscuridad. Todo se me hace lejano, no sólo porque no consigo ver nada, sino porque ningún sonido me hace sentirme cerca de nada. No importa, nada me impide estirar mis brazos y piernas, y concentrarme en mi respiración. Con mis ojos cerrados, no pienso en nada, pero sonrío profundamente, mientras un escalofrío invade todo mi cuerpo.
Abro los ojos y la fulminante realidad me regala la imagen del mismo sitio banal en el que me encontraba antes de imaginar: esto no funciona.
¿Será necesario que realmente me vaya de este planeta en una nave espacial? ¿Por qué no me lo puedo imaginar y sentirme exactamente igual? ¿Quizás no pueda porque no sé cómo me sentiría en el espacio? No creo que necesite saberlo, creo que puedo hacerlo.
Cierro los ojos, dejo de pensar y sólo me concentro en mi respiración y en mi sonrisa interior. Permanezco así unos minutos. Me asaltan varias dudas: ¿Por qué hago esto? ¿Es mi imaginación lo único que necesito para viajar? ¿Qué quiero conseguir? No me siento bien, quiero desaparecer. Necesito expresarme, pero de ninguna forma. No quiero estar atado a ninguna forma de expresión, simplemente quiero expresar. ¿Cómo puedo hacerlo? Esta duda me aturde, a la vez que me relaja. Me noto cansado, insatisfecho, pero muy cansado… He escuchado un ruido. Lo ignoro, creo que me estoy quedando tan relajado que ya no percibo ni pienso nada.
Silencio, relax, equilibrio, dulzura. Me he quedado completamente dormido.
Suenan tambores tribales a lo lejos, voces extrañas que repiten lo mismo una y otra vez. Me entrego a estas percepciones.
No encuentro nada familiar en mis percepciones, no controlo la situación, me siento en peligro. Abro los ojos solo un poco, con miedo.
Veo muchos objetos en movimiento, abro un poco más los ojos. ¿Dónde estoy? Parece una estación. Veo extrañas formas moviéndose, se acercan, se alejan, desaparecen y vuelven a aparecer. ¿Son personas? Presto atención para poder comprender qué son.
Lo que veo son seres de diferentes colores, materiales y formas, algunos de ellos cambian de un aspecto a otro. No parece caótico, sino que hay una aparente relación entre sus aspectos. Presto atención durante un tiempo.
Esto me resulta familiar. ¿Dónde he visto esto antes? Tras pensarlo detenidamente me doy cuenta de que estos seres no son otra cosa que intenciones. Parecen expresiones desnudas de intenciones naturales. Es llamativo ver cómo intenciones con colores y formas tan diferentes a otras parecen guardar una relación tan estrecha, mientras que otras tan parecidas parecen encontrarse casi completamente desconectadas.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Siento miedo, no puedo moverme. Abro los ojos sobresaltado y ante mí se presenta sin escrúpulos el mundano paraje en el que me encontraba al principio. No siento que haya sido un sueño cualquiera, tenía la completa sensación de estar despierto.
Mi mundano paraje lo formaban en aquel instante un escritorio, un ordenador, una ventana y una moderna puerta gris. Me levanté de la silla y salí por ella. Una vez fuera, estuve hablando de trabajo con unos compañeros, con los cuales acostumbro a usar un importante filtro para mis pensamientos y sentimientos, que transforma deliberadamente lo que pienso y siento en otra cosa bien diferente, la cual comunico. Unido este hecho a que cada uno interpreta cosas diferentes de cada mensaje, apenas tiene que ver lo que pienso con lo que las otras personas creen que pienso.
Una vez practicada esta actividad mental diaria, almuerzo, tomo el metro y regreso a casa. Nadie me espera en casa desde que mi mujer murió hace ya varios años. Abro la terraza y me asomo a la barandilla. Veo a la gente pasar. Miro al cielo, me sobrecoge la sensación de sentir algo distinto, pero al no corresponderse con nada, la sensación desaparece. Regreso al interior de la casa y rebusco en el cajón unos auriculares. Me tumbo en el sofá a escuchar música. La música contiene elementos que la vida no me aporta, sonrío en mi interior y me quedo dormido.
No sé concebir la vida tal como se me presenta, mis modelos parecen no encajar, de modo que probaré a concebir otra distinta. No encuentro cómo hacerlo, así que trataré de emplearme bien.
Simplemente salgo de dónde quiera que estoy, cierro los ojos y ya noto el silencio del espacio, la oscuridad. Todo se me hace lejano, no sólo porque no consigo ver nada, sino porque ningún sonido me hace sentirme cerca de nada. No importa, nada me impide estirar mis brazos y piernas, y concentrarme en mi respiración. Con mis ojos cerrados, no pienso en nada, pero sonrío profundamente, mientras un escalofrío invade todo mi cuerpo.
Abro los ojos y la fulminante realidad me regala la imagen del mismo sitio banal en el que me encontraba antes de imaginar: esto no funciona.
¿Será necesario que realmente me vaya de este planeta en una nave espacial? ¿Por qué no me lo puedo imaginar y sentirme exactamente igual? ¿Quizás no pueda porque no sé cómo me sentiría en el espacio? No creo que necesite saberlo, creo que puedo hacerlo.
Cierro los ojos, dejo de pensar y sólo me concentro en mi respiración y en mi sonrisa interior. Permanezco así unos minutos. Me asaltan varias dudas: ¿Por qué hago esto? ¿Es mi imaginación lo único que necesito para viajar? ¿Qué quiero conseguir? No me siento bien, quiero desaparecer. Necesito expresarme, pero de ninguna forma. No quiero estar atado a ninguna forma de expresión, simplemente quiero expresar. ¿Cómo puedo hacerlo? Esta duda me aturde, a la vez que me relaja. Me noto cansado, insatisfecho, pero muy cansado… He escuchado un ruido. Lo ignoro, creo que me estoy quedando tan relajado que ya no percibo ni pienso nada.
Silencio, relax, equilibrio, dulzura. Me he quedado completamente dormido.
Suenan tambores tribales a lo lejos, voces extrañas que repiten lo mismo una y otra vez. Me entrego a estas percepciones.
No encuentro nada familiar en mis percepciones, no controlo la situación, me siento en peligro. Abro los ojos solo un poco, con miedo.
Veo muchos objetos en movimiento, abro un poco más los ojos. ¿Dónde estoy? Parece una estación. Veo extrañas formas moviéndose, se acercan, se alejan, desaparecen y vuelven a aparecer. ¿Son personas? Presto atención para poder comprender qué son.
Esto me resulta familiar. ¿Dónde he visto esto antes? Tras pensarlo detenidamente me doy cuenta de que estos seres no son otra cosa que intenciones. Parecen expresiones desnudas de intenciones naturales. Es llamativo ver cómo intenciones con colores y formas tan diferentes a otras parecen guardar una relación tan estrecha, mientras que otras tan parecidas parecen encontrarse casi completamente desconectadas.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Siento miedo, no puedo moverme. Abro los ojos sobresaltado y ante mí se presenta sin escrúpulos el mundano paraje en el que me encontraba al principio. No siento que haya sido un sueño cualquiera, tenía la completa sensación de estar despierto.
Mi mundano paraje lo formaban en aquel instante un escritorio, un ordenador, una ventana y una moderna puerta gris. Me levanté de la silla y salí por ella. Una vez fuera, estuve hablando de trabajo con unos compañeros, con los cuales acostumbro a usar un importante filtro para mis pensamientos y sentimientos, que transforma deliberadamente lo que pienso y siento en otra cosa bien diferente, la cual comunico. Unido este hecho a que cada uno interpreta cosas diferentes de cada mensaje, apenas tiene que ver lo que pienso con lo que las otras personas creen que pienso.
Una vez practicada esta actividad mental diaria, almuerzo, tomo el metro y regreso a casa. Nadie me espera en casa desde que mi mujer murió hace ya varios años. Abro la terraza y me asomo a la barandilla. Veo a la gente pasar. Miro al cielo, me sobrecoge la sensación de sentir algo distinto, pero al no corresponderse con nada, la sensación desaparece. Regreso al interior de la casa y rebusco en el cajón unos auriculares. Me tumbo en el sofá a escuchar música. La música contiene elementos que la vida no me aporta, sonrío en mi interior y me quedo dormido.
Fin del capítulo 1 -- Gualberto
No hay comentarios:
Publicar un comentario