Con mi trabajo ofrezco un bien y un servicio a cambio de dinero. Pero no estoy dispuesto ya a esforzarme tanto, ya estoy harto, cuando más me voy acomodando, tengo siempre que volver a sacrificarme por cualquier persona. Esto es una cruz y tengo que librarme de ella. Alguien cargará con mi cruz (spoiler: "es una metáfora"). No soy idiota.
¿Que cómo consigo que otros carguen con mis 100 Kg de cruz en la espalda? Prestad atención pues os lo voy a explicar, es muy sencillo.
A nadie podría convencer que cargue con mi cruz sólo porque yo se lo diga. Sólo podrían hacerme caso si en lugar de pedirles cargar con la cruz les regalara dinero o cualquier cosa que ellos quisieran.
Pero llevando mi preocupación a dar un paseo por la orilla del río, pude comprobar cómo la naturaleza gobierna el comportamiento de los animales y el supremo poder que tiene sobre ellos. En concreto, atisbé como un grupo de seis o siete pajarillos recogían comida del suelo. Al tiempo, aunque aun quedaba comida, un pajarillo salió volando y abandonó al grupo. El resto de animales observaron la huida de su congénere y, acto seguido, se miraron entre ellos y comprobaron que aun formaban un grupo. Siguieron pues alimentándose de la comida del suelo. Al poco tiempo, otro pajarillo salió volando. Nuevamente, el resto de pájaros se dieron cuenta y, acto seguido, se miraron entre ellos y pudieron comprobar que aun eran varios los que se habían quedado. Este proceso se repitió hasta que, al salir volando un pajarillo, quedaron tan solo dos o tres. Cuando éstos se miraron entre sí debieron sentir que el grupo estaba a punto de extinguirse y, pese a que estaban hambrientos y aun quedaba comida con la que alimentarse, estos pocos salieron volando en busca de los demás.
Entonces se me ocurrió cómo conseguir que otros cargaran con mi pesada cruz. Y cuando os lo cuente, pondré a prueba vuestra moralidad. Haré temblar los débiles cimientos de vuestros principios, si es que alguna vez los habéis tenido.
Sólo necesito hacer que llevar una pesada cruz en la espalda sea algo normal y que lo raro sea no llevarla. Para ello, me voy a pasear con mi cruz a cuestas delante de diferentes grupos de personas. Al verme, todos abiertamente se ríen de mí. Al preguntarle a uno de ellos si puede llevarme la cruz, contrariado e indignado me responde con burla: "De ninguna forma".
Continúo paseando cargando mi cruz en la espalda delante de las personas, y cada vez lo hago con mayor felicidad y entusiasmo. Me regocijo públicamente por cargar con mi cruz. Aparento naturalidad y gran felicidad. Un buen día, cuando ejercía líbremente mi derecho a cargar con mi cruz, una persona tomó una cruz y, pese al sacrificio que cuesta, se la echó en la espalda y, tímido, la llevó de un extremo a otro ante la perplejidad de sus compañeros. Fue entonces cuando comprendí este tremendo poder de la naturaleza.
Después de varias decadas haciendo bien mi trabajo, conseguí que llevar una pesada cruz de madera en la espalda sea de lo más normal. Tan normal se había convertido que una fría tarde de invierno en el gris vagón de un tren mientras regresaba a casa, un extraño muchacho, carente de cruz en su lomo, fue motivo de burla de sus propios amigos, que le excluían de su grupo por ser tan raro. Este muchacho, inadaptado e infeliz, se acercó a mí y me dijo: "¿sería posible pagarte de alguna forma para que me dejes cargar tu gigantesca y pesada cruz?". Yo le respondí: "Sí, deberás pagarme una gran suma y trabajar para mí cada día".
El muchacho esbozó una verdadera sonrisa de felicidad y, sin pensarlo, sin razonarlo ni meditarlo, firmó un contrato conmigo y cargó feliz con mi bestial, decrépita y tremendamente pesada cruz. Respiré aire limpio, pude al fin moverme libremente. Miré a mi alrededor y, por más personas que veía, sólo veía un negocio, una tremenda demanda de cruces.
Fue entonces justo cuando vi el camino a seguir. Nunca más cargaría con una cruz, me lucraría vendiendo cruces. Cruces que cobraré a los pocos que, como yo, quieran quitárselas para cobrar también a la creciente mayoría de personas que desean llevarlas a cuestas en sus espaldas.
Temo por la supervivencia de mi negocio y por la estabilidad de este sistema y, cuanto más me acomodo, más temo que en cualquier momento pueda romperse. Debo probar cómo de sostenible es este sistema. Me acerco a una chica que parece bien integrada en la sociedad, con su gran cruz a cuestas y con las ideas bien claras. Le pregunto: "Disculpe señorita, ¿por qué lleva Usted una cruz de madera a cuestas con lo que pesa? ¿No le sería más cómodo quitársela y andar sin ella?". De inmediato, siento terror por las posibles consecuencias de mi temerario acto. La chica, por su parte, contrariada e indignada me responde con burla: "De ninguna forma, ¿qué dice Usted? ¿cómo iba a ir sin mi cruz?".
Tras escucharla, siento que la fortaleza del sistema es bien grande, pues mientras llevar una cruz a cuestas fuera algo normal y todos lo hicieran, todo continuará funcionando sin problema. No obstante, para asegurarme, hago acopio de fuerzas y le insisto: "La están manipulando señorita, nadie puede desear cargar con una pesada cruz en la espalda. No se preocupe, yo la liberaré. Permita que le quite la cruz.".
La chica, ofendida, se sintió incluso agredida, y con gran convicción y furor me respondió: "Usted no es nadie para decirme a mí lo que yo tengo que hacer o cómo debo ser. Yo soy muy libre de hacer lo que me apetezca, y estoy en mi derecho de elegir mi vida, y ni Usted ni nadie me puede obligar a lo contrario.". Tras su respuesta, desaparecí del lugar con gran satisfacción, para no involucrarme nunca más con mis clientes. Así quedará forjada nuestra sociedad actual, nuestro sistema de gobierno y de vida.
Ciudadanos, les agradecemos que participen en nuestra maquinaria y sean Ustedes felices con sus maravillosas y pesadas cruces. Yo lo seré mil veces más sin llevarlas. No soy idiota.
--
Ideado y escrito por Gualberto, el viernes 23 de noviembre de 2012.
viernes, 23 de noviembre de 2012
martes, 16 de octubre de 2012
Eneagrama 5
Estaba equivocado cuando pensaba que no se podría transmitir con gran claridad mis inquietudes y mi forma de ser a otras personas, puesto que no sé cómo describir en toda su esencia lo que siento cada día desde que era pequeño.
Una persona que apenas conozco me ha identificado, tan sólo le han hecho falta algunas pocas conversaciones conmigo. Y aunque podría haberse equivocado, no lo ha hecho, y mi convicción es firme.
Estoy hablando del eneagrama 5. Lo soy para lo bueno y para lo malo. Con muchas ganas de crear, analizar, conversar y aprender ;)
Una persona que apenas conozco me ha identificado, tan sólo le han hecho falta algunas pocas conversaciones conmigo. Y aunque podría haberse equivocado, no lo ha hecho, y mi convicción es firme.
Estoy hablando del eneagrama 5. Lo soy para lo bueno y para lo malo. Con muchas ganas de crear, analizar, conversar y aprender ;)
miércoles, 1 de febrero de 2012
Rhapsody in Blue
Obra original de George Gershwin de 1924, adaptada por Liquid Tension Experiment en su concierto de Los Angeles en 2008. La obra original, clásica, poseía gran influencia de jazz. Esta adaptación, que además le aporta carácter progresivo a la obra, me parece nítida, épica y vibrante ;-)
domingo, 29 de enero de 2012
Otra Vida (Capítulo 2)
Al día siguiente, me desperté en el sofá y acudí a apagar el despertador que estaba en el dormitorio. Es hora de ir al trabajo, de modo que, tras el tiempo del viaje, me encuentro nuevamente frente a mi escritorio. Llaman a la puerta, me comunican que hoy habrá reunión de trabajo durante el almuerzo.
En ese preciso instante, una división razonablemente organizada de moléculas interaccionan entre sí para convertir la composición de otra molécula en una sustancia, que percibida por mis células, conducen a conferirme una sensación profundamente desagradable.
A la hora del almuerzo, acudo al comedor donde se encuentran mis compañeros de trabajo. Conforme me aproximo a la mesa en la que éstos se habían sentado, me doy cuenta de que había cuatro personas. Todos iban vestidos guardando un código de vestimenta propio del trabajo. No obstante, cada uno elegía a su voluntad ciertos detalles como el color de su corbata o de su camisa. Para hablar entre ellos, utilizaban ostentosos ademanes mediante su expresión facial y sus manos y, en especial, reían con gran frecuencia. Esta forma de expresión atribuía instintivamente seguridad y decisión a las palabras que pronunciaban.
Analizando en detalle a cada uno, pude observar que uno de ellos no presentaba la misma conducta, pues se encontraba cabizbajo y aparentemente desconectado del resto de compañeros. Agaché mi mirada hacia sus manos y comprobé que se encontraba manipulando un teléfono móvil. Justo en ese momento dejó de utilizarlo y lo colocó encima de la mesa. Acto seguido profirió una carcajada por el reciente comentario del compañero que se encontraba justo en frente, reincorporándose de este modo al juego dialéctico dominante.- Hola, ¿qué tal? -- Les dije mientras me sentaba junto a ellos.
- Hombre, dichosos los ojos -- Comentó el que en ese momento se encontraba hablando, interrumpiéndose a sí mismo.
- ¿Cómo te va la vida? -- Añadió, mientras esbozaba una mueca preparada para la ocasión.
La ocasión estaba caracterizada por el carácter antisocial que mis compañeros percibían generalmente de mi conducta, lo cual no se encuentra en sintonía con las directrices principales establecidas para las interacciones laborales.
-- Continuará...
domingo, 22 de enero de 2012
When the water breaks
¡Qué tema más grandioso de rock progresivo!
Se trata del tema "When the water breaks" de Liquid Tension Experiment. Con John Petrucci, Jordan Ruddess y Mike Portnoy de Dream Theater y Tony Levin (King Crimson, ...). Concierto de 2008 en Los Angeles (USA). El tema está en dos partes:
Se trata del tema "When the water breaks" de Liquid Tension Experiment. Con John Petrucci, Jordan Ruddess y Mike Portnoy de Dream Theater y Tony Levin (King Crimson, ...). Concierto de 2008 en Los Angeles (USA). El tema está en dos partes:
martes, 10 de enero de 2012
Otra Vida (Capítulo 1)
He decidido marcharme de este planeta. Voy a explorar el universo. No quiero continuar conociendo lo que veo cada día, con más o menos hastío. Sin embargo sé que no puedo abandonar este planeta así como así y menos aún explorar el universo libremente, así que voy a tener que imaginarlo.
No sé concebir la vida tal como se me presenta, mis modelos parecen no encajar, de modo que probaré a concebir otra distinta. No encuentro cómo hacerlo, así que trataré de emplearme bien.
Simplemente salgo de dónde quiera que estoy, cierro los ojos y ya noto el silencio del espacio, la oscuridad. Todo se me hace lejano, no sólo porque no consigo ver nada, sino porque ningún sonido me hace sentirme cerca de nada. No importa, nada me impide estirar mis brazos y piernas, y concentrarme en mi respiración. Con mis ojos cerrados, no pienso en nada, pero sonrío profundamente, mientras un escalofrío invade todo mi cuerpo.
Abro los ojos y la fulminante realidad me regala la imagen del mismo sitio banal en el que me encontraba antes de imaginar: esto no funciona.
¿Será necesario que realmente me vaya de este planeta en una nave espacial? ¿Por qué no me lo puedo imaginar y sentirme exactamente igual? ¿Quizás no pueda porque no sé cómo me sentiría en el espacio? No creo que necesite saberlo, creo que puedo hacerlo.
Cierro los ojos, dejo de pensar y sólo me concentro en mi respiración y en mi sonrisa interior. Permanezco así unos minutos. Me asaltan varias dudas: ¿Por qué hago esto? ¿Es mi imaginación lo único que necesito para viajar? ¿Qué quiero conseguir? No me siento bien, quiero desaparecer. Necesito expresarme, pero de ninguna forma. No quiero estar atado a ninguna forma de expresión, simplemente quiero expresar. ¿Cómo puedo hacerlo? Esta duda me aturde, a la vez que me relaja. Me noto cansado, insatisfecho, pero muy cansado… He escuchado un ruido. Lo ignoro, creo que me estoy quedando tan relajado que ya no percibo ni pienso nada.
Silencio, relax, equilibrio, dulzura. Me he quedado completamente dormido.
Suenan tambores tribales a lo lejos, voces extrañas que repiten lo mismo una y otra vez. Me entrego a estas percepciones.
No encuentro nada familiar en mis percepciones, no controlo la situación, me siento en peligro. Abro los ojos solo un poco, con miedo.
Veo muchos objetos en movimiento, abro un poco más los ojos. ¿Dónde estoy? Parece una estación. Veo extrañas formas moviéndose, se acercan, se alejan, desaparecen y vuelven a aparecer. ¿Son personas? Presto atención para poder comprender qué son.
Lo que veo son seres de diferentes colores, materiales y formas, algunos de ellos cambian de un aspecto a otro. No parece caótico, sino que hay una aparente relación entre sus aspectos. Presto atención durante un tiempo.
Esto me resulta familiar. ¿Dónde he visto esto antes? Tras pensarlo detenidamente me doy cuenta de que estos seres no son otra cosa que intenciones. Parecen expresiones desnudas de intenciones naturales. Es llamativo ver cómo intenciones con colores y formas tan diferentes a otras parecen guardar una relación tan estrecha, mientras que otras tan parecidas parecen encontrarse casi completamente desconectadas.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Siento miedo, no puedo moverme. Abro los ojos sobresaltado y ante mí se presenta sin escrúpulos el mundano paraje en el que me encontraba al principio. No siento que haya sido un sueño cualquiera, tenía la completa sensación de estar despierto.
Mi mundano paraje lo formaban en aquel instante un escritorio, un ordenador, una ventana y una moderna puerta gris. Me levanté de la silla y salí por ella. Una vez fuera, estuve hablando de trabajo con unos compañeros, con los cuales acostumbro a usar un importante filtro para mis pensamientos y sentimientos, que transforma deliberadamente lo que pienso y siento en otra cosa bien diferente, la cual comunico. Unido este hecho a que cada uno interpreta cosas diferentes de cada mensaje, apenas tiene que ver lo que pienso con lo que las otras personas creen que pienso.
Una vez practicada esta actividad mental diaria, almuerzo, tomo el metro y regreso a casa. Nadie me espera en casa desde que mi mujer murió hace ya varios años. Abro la terraza y me asomo a la barandilla. Veo a la gente pasar. Miro al cielo, me sobrecoge la sensación de sentir algo distinto, pero al no corresponderse con nada, la sensación desaparece. Regreso al interior de la casa y rebusco en el cajón unos auriculares. Me tumbo en el sofá a escuchar música. La música contiene elementos que la vida no me aporta, sonrío en mi interior y me quedo dormido.
No sé concebir la vida tal como se me presenta, mis modelos parecen no encajar, de modo que probaré a concebir otra distinta. No encuentro cómo hacerlo, así que trataré de emplearme bien.
Simplemente salgo de dónde quiera que estoy, cierro los ojos y ya noto el silencio del espacio, la oscuridad. Todo se me hace lejano, no sólo porque no consigo ver nada, sino porque ningún sonido me hace sentirme cerca de nada. No importa, nada me impide estirar mis brazos y piernas, y concentrarme en mi respiración. Con mis ojos cerrados, no pienso en nada, pero sonrío profundamente, mientras un escalofrío invade todo mi cuerpo.
Abro los ojos y la fulminante realidad me regala la imagen del mismo sitio banal en el que me encontraba antes de imaginar: esto no funciona.
¿Será necesario que realmente me vaya de este planeta en una nave espacial? ¿Por qué no me lo puedo imaginar y sentirme exactamente igual? ¿Quizás no pueda porque no sé cómo me sentiría en el espacio? No creo que necesite saberlo, creo que puedo hacerlo.
Cierro los ojos, dejo de pensar y sólo me concentro en mi respiración y en mi sonrisa interior. Permanezco así unos minutos. Me asaltan varias dudas: ¿Por qué hago esto? ¿Es mi imaginación lo único que necesito para viajar? ¿Qué quiero conseguir? No me siento bien, quiero desaparecer. Necesito expresarme, pero de ninguna forma. No quiero estar atado a ninguna forma de expresión, simplemente quiero expresar. ¿Cómo puedo hacerlo? Esta duda me aturde, a la vez que me relaja. Me noto cansado, insatisfecho, pero muy cansado… He escuchado un ruido. Lo ignoro, creo que me estoy quedando tan relajado que ya no percibo ni pienso nada.
Silencio, relax, equilibrio, dulzura. Me he quedado completamente dormido.
Suenan tambores tribales a lo lejos, voces extrañas que repiten lo mismo una y otra vez. Me entrego a estas percepciones.
No encuentro nada familiar en mis percepciones, no controlo la situación, me siento en peligro. Abro los ojos solo un poco, con miedo.
Veo muchos objetos en movimiento, abro un poco más los ojos. ¿Dónde estoy? Parece una estación. Veo extrañas formas moviéndose, se acercan, se alejan, desaparecen y vuelven a aparecer. ¿Son personas? Presto atención para poder comprender qué son.
Esto me resulta familiar. ¿Dónde he visto esto antes? Tras pensarlo detenidamente me doy cuenta de que estos seres no son otra cosa que intenciones. Parecen expresiones desnudas de intenciones naturales. Es llamativo ver cómo intenciones con colores y formas tan diferentes a otras parecen guardar una relación tan estrecha, mientras que otras tan parecidas parecen encontrarse casi completamente desconectadas.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Siento miedo, no puedo moverme. Abro los ojos sobresaltado y ante mí se presenta sin escrúpulos el mundano paraje en el que me encontraba al principio. No siento que haya sido un sueño cualquiera, tenía la completa sensación de estar despierto.
Mi mundano paraje lo formaban en aquel instante un escritorio, un ordenador, una ventana y una moderna puerta gris. Me levanté de la silla y salí por ella. Una vez fuera, estuve hablando de trabajo con unos compañeros, con los cuales acostumbro a usar un importante filtro para mis pensamientos y sentimientos, que transforma deliberadamente lo que pienso y siento en otra cosa bien diferente, la cual comunico. Unido este hecho a que cada uno interpreta cosas diferentes de cada mensaje, apenas tiene que ver lo que pienso con lo que las otras personas creen que pienso.
Una vez practicada esta actividad mental diaria, almuerzo, tomo el metro y regreso a casa. Nadie me espera en casa desde que mi mujer murió hace ya varios años. Abro la terraza y me asomo a la barandilla. Veo a la gente pasar. Miro al cielo, me sobrecoge la sensación de sentir algo distinto, pero al no corresponderse con nada, la sensación desaparece. Regreso al interior de la casa y rebusco en el cajón unos auriculares. Me tumbo en el sofá a escuchar música. La música contiene elementos que la vida no me aporta, sonrío en mi interior y me quedo dormido.
Fin del capítulo 1 -- Gualberto
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
