jueves, 13 de agosto de 2015

Estudio y Trabajo

Estoy muy interesado en tener un alto rendimiento de forma continua en todos mis trabajos, día a día. Sé que puedo conseguir alto rendimiento y sin agobios, porque ya lo he hecho muchas veces. No obstante, no de forma tan constante como espero de mí a partir de septiembre. Por ello, antes de que pueda temer por ello, prefiero sentar una propia base para llevarlo a cabo. Creo que mi modo de conseguirlo es deseando volver al trabajo cada vez que salga del mismo, a la vez de saber desconectar del mismo hasta el día siguiente. Voy a tener un trabajo principal diario más otros adicionales ciertos días de la semana. A ver si funciona y lo llevo alegremente, sin estrés ni ansiedad.

Por otra parte, este verano me lo he tomado para trabajar todos los días, mañana y tarde, salvo los fines de semana (no todos), con una semana de vacaciones reales que está por venir en este mes. En el mes de julio he estado trabajando en cosas productivas (empresa e investigación), además de estrenarme en el lenguaje de MatLab. En el mes de agosto estoy, desde el mismo día 1, estudiando minería de datos y aprendizaje automático (clasificación, regresión, optimización, series temporales, validación), practicando especialmente con el lenguaje R.

Siempre que estudio deseo con frecuencia parar un poco para desarrollar algo productivo con lo aprendido. A pesar de ello, me he estado privando de hacerlo y he continuado estudiando. Sino no hay tiempo nunca de aprender tranquilo. Sólo echo de menos explicar lo que estoy aprendiendo, ojalá encontrara de vez en cuando a alguien a quien explicar estos temas.

Bueno, voy a continuar con el estudio.


miércoles, 16 de enero de 2013

La responsabilidad, el esfuerzo y la recompensa

¿Cuánto vale tu trabajo? Yo ya lo he dicho muchas veces, cuánto más esfuerzo más recompensa, a menos esfuerzo menos recompensa, es completamente natural.

Si te dedicas a trabajar en una misma cosa, cada vez te supondrá menos esfuerzo, porque con el tiempo el cuerpo se adapta y necesitas menos esfuerzo para hacer lo mismo. Por tanto, siempre que te dediques a lo mismo, cada vez deberías cobrar menos por ello, pues te cuesta cada vez menos hacer tu trabajo.

Pero yo no puedo cobrar cada vez menos, porque cuanto más recompensa tengo más me acostumbro a tener, en mayor nivel de vida me sitúo. Por tanto, una de dos, o trabajo en lo mismo pero produzco el doble, o el triple; o bien, me dedico a otra cosa.

No está mal que produzca el doble o el triple, porque me supone el mismo esfuerzo que me suponía al principio cuando aun no estaba habituado a mi trabajo. Y por supuesto, no es adecuado comparar a dos personas que cobran lo mismo y una de ellas produce el doble o el triple que la otra. No, no se debe comparar lo que producen, sino la cantidad de esfuerzo que invierten.

Por otra parte, sin embargo, si me dedico a otra cosa, comienzo empleando gran esfuerzo y obtengo gran recompensa.

Muchas personas que ostentan altos cargos dicen: "Mi sueldo es muy alto, pero es que mi trabajo exige una gran responsabilidad". Generalmente, estas personas se esfuerzan muy poco, porque para llegar a un alto cargo, se requiere gran experiencia, y la experiencia no es más que la adaptación del cuerpo al tipo de trabajo. Los cuerpos de estas personas están ya bien adaptados y necesitan poco esfuerzo para hacer su trabajo. Por tanto, la gran recompensa que reciben debe deberse a la responsabilidad que deben asumir.

Entramos por tanto en el terreno de la evaluación de la responsabilidad. ¿Cuánto vale tu responsabilidad? Cabe pensar que debería valer más cuanto mayor impacto negativo tengan las consecuencias de tus decisiones. Habitualmente se asocian grandes responsabilidades a decisiones estratégicas, y menores responsabilidades a decisiones tácticas. Cualquier decisión relacionada con un objetivo es tan valiosa como cualquier otra, porque todas son imprescindibles para el éxito. Y pongo un ejemplo:

¿Qué es más importante el coche o la gasolina?

Si el objetivo es desplazarse, tan importante es una cosa como la otra. Lo que ocurre es que habitualmente se le asigna más importancia al coche. Y yo pienso que será porque el esfuerzo para conseguir el coche es mayor que el esfuerzo para conseguir la gasolina. Así que si tienes el coche, ya tienes mucho más camino hecho que si sólo tienes la gasolina. Pero ambos elementos son imprescindibles y, por tanto, igual de importantes.

En conclusión, todas las decisiones que afectan a un objetivo son igual de importantes, luego la responsabilidad de tomar cualquiera de estas decisiones debe ser la misma, por tanto la recompensa obtenida por ello también lo debe de ser. Así que las personas que se esfuerzan poco no tienen ninguna razón cuando se excusan en que tienen mayor responsabilidad. Lo justo y natural sólo es: a mayor esfuerzo, mayor recompensa.

--Gualberto

viernes, 23 de noviembre de 2012

La libertad de elegir

Con mi trabajo ofrezco un bien y un servicio a cambio de dinero. Pero no estoy dispuesto ya a esforzarme tanto, ya estoy harto, cuando más me voy acomodando, tengo siempre que volver a sacrificarme por cualquier persona. Esto es una cruz y tengo que librarme de ella. Alguien cargará con mi cruz (spoiler: "es una metáfora"). No soy idiota.

¿Que cómo consigo que otros carguen con mis 100 Kg de cruz en la espalda? Prestad atención pues os lo voy a explicar, es muy sencillo.



A nadie podría convencer que cargue con mi cruz sólo porque yo se lo diga. Sólo podrían hacerme caso si en lugar de pedirles cargar con la cruz les regalara dinero o cualquier cosa que ellos quisieran.

Pero llevando mi preocupación a dar un paseo por la orilla del río, pude comprobar cómo la naturaleza gobierna el comportamiento de los animales y el supremo poder que tiene sobre ellos. En concreto, atisbé como un grupo de seis o siete pajarillos recogían comida del suelo. Al tiempo, aunque aun quedaba comida, un pajarillo salió volando y abandonó al grupo. El resto de animales observaron la huida de su congénere y, acto seguido, se miraron entre ellos y comprobaron que aun formaban un grupo. Siguieron pues alimentándose de la comida del suelo. Al poco tiempo, otro pajarillo salió volando. Nuevamente, el resto de pájaros se dieron cuenta y, acto seguido, se miraron entre ellos y pudieron comprobar que aun eran varios los que se habían quedado. Este proceso se repitió hasta que, al salir volando un pajarillo, quedaron tan solo dos o tres. Cuando éstos se miraron entre sí debieron sentir que el grupo estaba a punto de extinguirse y, pese a que estaban hambrientos y aun quedaba comida con la que alimentarse, estos pocos salieron volando en busca de los demás.

Entonces se me ocurrió cómo conseguir que otros cargaran con mi pesada cruz. Y cuando os lo cuente, pondré a prueba vuestra moralidad. Haré temblar los débiles cimientos de vuestros principios, si es que alguna vez los habéis tenido.

Sólo necesito hacer que llevar una pesada cruz en la espalda sea algo normal y que lo raro sea no llevarla. Para ello, me voy a pasear con mi cruz a cuestas delante de diferentes grupos de personas. Al verme, todos abiertamente se ríen de mí. Al preguntarle a uno de ellos si puede llevarme la cruz, contrariado e indignado me responde con burla: "De ninguna forma".

Continúo paseando cargando mi cruz en la espalda delante de las personas, y cada vez lo hago con mayor felicidad y entusiasmo. Me regocijo públicamente por cargar con mi cruz. Aparento naturalidad y gran felicidad. Un buen día, cuando ejercía líbremente mi derecho a cargar con mi cruz, una persona tomó una cruz y, pese al sacrificio que cuesta, se la echó en la espalda y, tímido, la llevó de un extremo a otro ante la perplejidad de sus compañeros. Fue entonces cuando comprendí este tremendo poder de la naturaleza.

Después de varias decadas haciendo bien mi trabajo, conseguí que llevar una pesada cruz de madera en la espalda sea de lo más normal. Tan normal se había convertido que una fría tarde de invierno en el gris vagón de un tren mientras regresaba a casa, un extraño muchacho, carente de cruz en su lomo, fue motivo de burla de sus propios amigos, que le excluían de su grupo por ser tan raro. Este muchacho, inadaptado e infeliz, se acercó a mí y me dijo: "¿sería posible pagarte de alguna forma para que me dejes cargar tu gigantesca y pesada cruz?". Yo le respondí: "Sí, deberás pagarme una gran suma y trabajar para mí cada día".

El muchacho esbozó una verdadera sonrisa de felicidad y, sin pensarlo, sin razonarlo ni meditarlo, firmó un contrato conmigo y cargó feliz con mi bestial, decrépita y tremendamente pesada cruz. Respiré aire limpio, pude al fin moverme libremente. Miré a mi alrededor y, por más personas que veía, sólo veía un negocio, una tremenda demanda de cruces.

Fue entonces justo cuando vi el camino a seguir. Nunca más cargaría con una cruz, me lucraría vendiendo cruces. Cruces que cobraré a los pocos que, como yo, quieran quitárselas para cobrar también a la creciente mayoría de personas que desean llevarlas a cuestas en sus espaldas.

Temo por la supervivencia de mi negocio y por la estabilidad de este sistema y, cuanto más me acomodo, más temo que en cualquier momento pueda romperse. Debo probar cómo de sostenible es este sistema. Me acerco a una chica que parece bien integrada en la sociedad, con su gran cruz a cuestas y con las ideas bien claras. Le pregunto: "Disculpe señorita, ¿por qué lleva Usted una cruz de madera a cuestas con lo que pesa? ¿No le sería más cómodo quitársela y andar sin ella?". De inmediato, siento terror por las posibles consecuencias de mi temerario acto. La chica, por su parte, contrariada e indignada me responde con burla: "De ninguna forma, ¿qué dice Usted? ¿cómo iba a ir sin mi cruz?".

Tras escucharla, siento que la fortaleza del sistema es bien grande, pues mientras llevar una cruz a cuestas fuera algo normal y todos lo hicieran, todo continuará funcionando sin problema. No obstante, para asegurarme, hago acopio de fuerzas y le insisto: "La están manipulando señorita, nadie puede desear cargar con una pesada cruz en la espalda. No se preocupe, yo la liberaré. Permita que le quite la cruz.".

La chica, ofendida, se sintió incluso agredida, y con gran convicción y furor me respondió: "Usted no es nadie para decirme a mí lo que yo tengo que hacer o cómo debo ser. Yo soy muy libre de hacer lo que me apetezca, y estoy en mi derecho de elegir mi vida, y ni Usted ni nadie me puede obligar a lo contrario.". Tras su respuesta, desaparecí del lugar con gran satisfacción, para no involucrarme nunca más con mis clientes. Así quedará forjada nuestra sociedad actual, nuestro sistema de gobierno y de vida.

Ciudadanos, les agradecemos que participen en nuestra maquinaria y sean Ustedes felices con sus maravillosas y pesadas cruces. Yo lo seré mil veces más sin llevarlas. No soy idiota.

--
Ideado y escrito por Gualberto, el viernes 23 de noviembre de 2012.

martes, 16 de octubre de 2012

Eneagrama 5

Estaba equivocado cuando pensaba que no se podría transmitir con gran claridad mis inquietudes y mi forma de ser a otras personas, puesto que no sé cómo describir en toda su esencia lo que siento cada día desde que era pequeño.

Una persona que apenas conozco me ha identificado, tan sólo le han hecho falta algunas pocas conversaciones conmigo. Y aunque podría haberse equivocado, no lo ha hecho, y mi convicción es firme.

Estoy hablando del eneagrama 5. Lo soy para lo bueno y para lo malo. Con muchas ganas de crear, analizar, conversar y aprender ;)

miércoles, 1 de febrero de 2012

Rhapsody in Blue

Obra original de George Gershwin de 1924, adaptada por Liquid Tension Experiment en su concierto de Los Angeles en 2008. La obra original, clásica, poseía gran influencia de jazz. Esta adaptación, que además le aporta carácter progresivo a la obra, me parece nítida, épica y vibrante ;-)


domingo, 29 de enero de 2012

Otra Vida (Capítulo 2)

Al día siguiente, me desperté en el sofá y acudí a apagar el despertador que estaba en el dormitorio. Es hora de ir al trabajo, de modo que, tras el tiempo del viaje, me encuentro nuevamente frente a mi escritorio. Llaman a la puerta, me comunican que hoy habrá reunión de trabajo durante el almuerzo.

En ese preciso instante, una división razonablemente organizada de moléculas interaccionan entre sí para convertir la composición de otra molécula en una sustancia, que percibida por mis células, conducen a conferirme una sensación profundamente desagradable.

A la hora del almuerzo, acudo al comedor donde se encuentran mis compañeros de trabajo. Conforme me aproximo a la mesa en la que éstos se habían sentado, me doy cuenta de que había cuatro personas. Todos iban vestidos guardando un código de vestimenta propio del trabajo. No obstante, cada uno elegía a su voluntad ciertos detalles como el color de su corbata o de su camisa. Para hablar entre ellos, utilizaban ostentosos ademanes mediante su expresión facial y sus manos y, en especial, reían con gran frecuencia. Esta forma de expresión atribuía instintivamente seguridad y decisión a las palabras que pronunciaban.

Analizando en detalle a cada uno, pude observar que uno de ellos no presentaba la misma conducta, pues se encontraba cabizbajo y aparentemente desconectado del resto de compañeros. Agaché mi mirada hacia sus manos y comprobé que se encontraba manipulando un teléfono móvil. Justo en ese momento dejó de utilizarlo y lo colocó encima de la mesa. Acto seguido profirió una carcajada por el reciente comentario del compañero que se encontraba justo en frente, reincorporándose de este modo al juego dialéctico dominante.

- Hola, ¿qué tal? -- Les dije mientras me sentaba junto a ellos.
- Hombre, dichosos los ojos -- Comentó el que en ese momento se encontraba hablando, interrumpiéndose a sí mismo.
- ¿Cómo te va la vida? -- Añadió, mientras esbozaba una mueca preparada para la ocasión.

La ocasión estaba caracterizada por el carácter antisocial que mis compañeros percibían generalmente de mi conducta, lo cual no se encuentra en sintonía con las directrices principales establecidas para las interacciones laborales.


-- Continuará...

domingo, 22 de enero de 2012

When the water breaks

¡Qué tema más grandioso de rock progresivo!

Se trata del tema "When the water breaks" de Liquid Tension Experiment. Con John Petrucci, Jordan Ruddess y Mike Portnoy de Dream Theater y Tony Levin (King Crimson, ...). Concierto de 2008 en Los Angeles (USA). El tema está en dos partes: