miércoles, 8 de septiembre de 2010
Silencio
El silencio invita a la reflexión y a la creatividad. La música que cubre todo el tiempo con melodía evidente conduce y determina al oyente exactamente hacia dicha melodía, sin brindar oportunidad para que éste participe en la idea que le transmite la música...
martes, 24 de agosto de 2010
¿En qué medida una persona tiene que "tener resuelta" una cuestión para decir que otra persona no la "tiene resuelta"?
Para ilustrar lo que quiero decir, me voy a apoyar en dos ejemplos:
Ejemplo Nº1
- ¿Qué haces estas vacaciones? - Pregunta Mendoza
- Me voy a Budapest - Responde Ramírez
- Anda, ¡qué bien vivimos! ¿no? ¡cómo se nota dónde hay dinero! Después dirás que no tienes - Acusa jocosamente Mendoza
- ¡Pues anda que tú, que te fuiste a Moscú y a Oslo el verano pasado! ¡cómo se nota también dónde hay! - Se defiende jocosamente Ramírez
Ejemplo Nº2
- Cariño, ¡yo no aguanto más ese carácter tuyo tan egoísta! ¡no me tuviste en cuenta! - Acusa Abraham
- ¡Tú si que eres egoísta que sólo piensas en ti mismo, cuando salimos el otro día tampoco me tuviste en cuenta! - Se defiende Marisa
Supongamos que Mendoza se fue de viajes y tiene dinero y supongamos que Abraham se comporta generalmente de forma egoísta.
Ejemplo Nº1
- ¿Qué haces estas vacaciones? - Pregunta Mendoza
- Me voy a Budapest - Responde Ramírez
- Anda, ¡qué bien vivimos! ¿no? ¡cómo se nota dónde hay dinero! Después dirás que no tienes - Acusa jocosamente Mendoza
- ¡Pues anda que tú, que te fuiste a Moscú y a Oslo el verano pasado! ¡cómo se nota también dónde hay! - Se defiende jocosamente Ramírez
Ejemplo Nº2
- Cariño, ¡yo no aguanto más ese carácter tuyo tan egoísta! ¡no me tuviste en cuenta! - Acusa Abraham
- ¡Tú si que eres egoísta que sólo piensas en ti mismo, cuando salimos el otro día tampoco me tuviste en cuenta! - Se defiende Marisa
Supongamos que Mendoza se fue de viajes y tiene dinero y supongamos que Abraham se comporta generalmente de forma egoísta.
Supongamos también que Ramírez también se fue de viajes y tiene dinero y que Marisa también se comporta generalmente de forma egoísta.
Lanzo tres preguntas:
1. ¿Está bien que Mendoza y Abraham acusen de algo a otra persona aunque ellos adolezcan de ese algo? ¿Por qué está o no está bien?
2. Suponiendo que Mendoza no tuviera apenas dinero ni se fuera de viaje y que Abraham no fuese egoísta de ningún modo. ¿Estaría bien que Mendoza acusara a Ramírez? ¿y que Abraham acusara a Marisa?
Mi opinión (sólo mi opinión) es la siguiente:
1. No está bien que Mendoza acuse a Ramírez tal como se muestra en el ejemplo Nº1. Pero no porque Mendoza también adolezca de lo mismo que él acusa, sino porque no es nadie para meterse en los asuntos personales de Ramírez. Por otra parte, está bien que Abraham acuse a Marisa tal como se muestra en el ejemplo Nº2, puesto que ser culpable de lo mismo que él acusa no le impide llevar razón en su acusación.
2. Del mismo modo que en la primera pregunta, está mal que Mendoza acuse a Ramírez, ya que aunque Mendoza no tenga dinero y puede sentir "coraje" o "envidia" porque Ramírez sí lo tenga, no está bien que se meta en los asuntos personales de Ramírez. Igualmente, está bien que Abraham acuse a Marisa, con el mismo peso de razón tanto si Abraham es egoísta como si no lo es.
3. No está bien que Ramírez y Marisa, para defenderse, acusen a la otra persona de pecar de lo mismo que lo están acusando. En el caso de Ramírez, está igual de mal su defensa que la acusación que le han hecho, puesto que ambos se meten en los asuntos personales del otro. Puede pensarse que es lícita la respuesta de Ramírez puesto que Mendoza se metió en primer lugar en los asuntos personales del otro; pero no lo es, Ramírez no está exento de culpa. Dicen que la mejor defensa es un ataque, y es justo lo que hace Ramírez. La cuestión es definir el término "mejor" de la frase anterior. Se considera que un ataque como defensa es mejor sólo para el que se defiende, pero no lo más apropiado para el sistema completo, ya que no se consigue resolver ningún problema, sólo intentar ganar la contienda y quedar por encima.
3. ¿Está bien que Ramírez y Marisa, para defenderse, acusen a la otra persona de pecar de lo mismo que lo están acusando?
Mi opinión (sólo mi opinión) es la siguiente:
1. No está bien que Mendoza acuse a Ramírez tal como se muestra en el ejemplo Nº1. Pero no porque Mendoza también adolezca de lo mismo que él acusa, sino porque no es nadie para meterse en los asuntos personales de Ramírez. Por otra parte, está bien que Abraham acuse a Marisa tal como se muestra en el ejemplo Nº2, puesto que ser culpable de lo mismo que él acusa no le impide llevar razón en su acusación.
2. Del mismo modo que en la primera pregunta, está mal que Mendoza acuse a Ramírez, ya que aunque Mendoza no tenga dinero y puede sentir "coraje" o "envidia" porque Ramírez sí lo tenga, no está bien que se meta en los asuntos personales de Ramírez. Igualmente, está bien que Abraham acuse a Marisa, con el mismo peso de razón tanto si Abraham es egoísta como si no lo es.
3. No está bien que Ramírez y Marisa, para defenderse, acusen a la otra persona de pecar de lo mismo que lo están acusando. En el caso de Ramírez, está igual de mal su defensa que la acusación que le han hecho, puesto que ambos se meten en los asuntos personales del otro. Puede pensarse que es lícita la respuesta de Ramírez puesto que Mendoza se metió en primer lugar en los asuntos personales del otro; pero no lo es, Ramírez no está exento de culpa. Dicen que la mejor defensa es un ataque, y es justo lo que hace Ramírez. La cuestión es definir el término "mejor" de la frase anterior. Se considera que un ataque como defensa es mejor sólo para el que se defiende, pero no lo más apropiado para el sistema completo, ya que no se consigue resolver ningún problema, sólo intentar ganar la contienda y quedar por encima.
lunes, 19 de julio de 2010
Proyectos musicales
Llevo actualmente tres proyectos musicales, de los cuales espero que al menos dos de ellos tengan futuro, mucho futuro. Para ello, se requiere esfuerzo, nada interesante se consigue sin él. La cuestión es administrar ese esfuerzo según ciertas prioridades para repartirlo entre las cosas que se deben hacer y las que se quieren hacer. Además me he tomado la molestia de hacer una web para cada proyecto:
miércoles, 30 de junio de 2010
La confianza no da asco
La confianza no es lo que da asco, sino la incapacidad de mantener constante el respeto pese al aumento de la confianza.
Parece que para muchas personas resulta realmente complejo mantener el respeto cuando van cogiendo cada vez más confianza con otra persona.
En mi opinión es una cuestión de firmes ideales y de esfuerzo. Una vez uno se acostumbra a mantener el respeto a todo el mundo (incluida tu pareja, tus familiares, tus mejores amigos...), ya no supone tanto esfuerzo.
No obstante, no cabe duda que siempre requiere un esfuerzo, que no todo el mundo está dispuesto a hacer: en especial, cuando a la cosa (mantener el respeto) no se le da la importancia suficiente.
Parece que para muchas personas resulta realmente complejo mantener el respeto cuando van cogiendo cada vez más confianza con otra persona.
En mi opinión es una cuestión de firmes ideales y de esfuerzo. Una vez uno se acostumbra a mantener el respeto a todo el mundo (incluida tu pareja, tus familiares, tus mejores amigos...), ya no supone tanto esfuerzo.
No obstante, no cabe duda que siempre requiere un esfuerzo, que no todo el mundo está dispuesto a hacer: en especial, cuando a la cosa (mantener el respeto) no se le da la importancia suficiente.
viernes, 25 de junio de 2010
Mi metáfora sobre la música
Quiero manifestar una idea. Para hacerlo, voy a ir a varios lugares muy concretos y voy a expresar allí con palabras lo que quiero decir. Para cada cosa que quiero decir voy a aprovechar las condiciones específicas del entorno de cada lugar en el que me encuentre, para realzar lo que quiero decir. Me gustaría cuidar el orden en el que digo las cosas, pues lo más importante para mí es que se entienda lo que quiero manifestar del mismo modo que yo lo pienso. Finalmente, daré lugar a que cada uno disfrute a su manera del modo en el que expresaré mi idea.
La naturaleza
La naturaleza modifica al azar la estructura de la materia para que las leyes de la física y de la química actúen sobre ella y posibiliten realizar acciones que le permitan seguir existiendo.
(Este post es simple porque simple creo que es la verdadera esencia de la naturaleza)
(Este post es simple porque simple creo que es la verdadera esencia de la naturaleza)
miércoles, 2 de junio de 2010
Una reflexión acerca de la naturaleza de los seres vivos: sistemas distribuidos y centralizados
Los seres vivos con cerebro (los animales) son sistemas complejos a la vez distribuidos y centralizados. Combinan ventajas e inconvenientes de ambas arquitecturas. Al ser un sistema distribuido adolece del siguiente problema (por ejemplo): si un componente tiene un comportamiento defectuoso que, en lugar de cooperar en conjunto por el sistema, va en contra del mismo, como las células cancerígenas, dado que en esencia tiene un comportamiento autónomo (por la naturaleza del sistema distribuido), se produce un enfrentamiento entre componentes con intereses contrapuestos, sin ningún núcleo o sistema central que lo regule. Por tanto, se aplica la más básica de las leyes naturales: persecución de la supervivencia. El sentido de sobrevivir de un componente es funcionar para lo que ha sido diseñado, no otro. Cuando un componente está defectuoso, su función se modifica, y entra en contradicción con otros componentes. En este contexto, ya digo, se produce una evolución en la que sobrevive el más preparado para la pelea. Al final prevalece lo que esté más acorde con la Ley Universal, y no es precisamente la cooperación sistemática, precisa y con normativa reguladora de un sistema complejo, es la salvaje supervivencia autónoma.
martes, 25 de mayo de 2010
Falta de esfuerzo
Estoy empezando, cada vez más, a reírme con gran ironía de lo que no me gusta, y eso quizás no esté bien. Además, en los casos en los que no esté bien hacerlo, tiendo a ocultar dicha risa y hacerla cada vez más profunda en mi interior.
En parte es como si me estuviera haciendo cada vez más radical y aceptara cada vez menos la falta de esfuerzo de los demás por hacer las cosas mejor. Creo que esto puede ser el comienzo de un ideal de derechas, y no me interesa que sea así, puesto que es un grave y cómodo error considerar que existen personas mejores que otras. Es sólo que muchas personas no intentan hacer las cosas mejor, aún pudiendo hacerlo. Eso no me parece bien y no estoy dispuesto a dejar de reírme interiormente.
Lo importante de todo esto es: qué derecho tiene uno de reirse interiormente de otra persona, que hay que ser consecuente cuando se ríe de alguien porque de uno también pueden reírse otros y sobre todo: qué es lo que considero como "mejor" que una persona deba o no hacerlo; que de seguro es subjetivo.
En parte es como si me estuviera haciendo cada vez más radical y aceptara cada vez menos la falta de esfuerzo de los demás por hacer las cosas mejor. Creo que esto puede ser el comienzo de un ideal de derechas, y no me interesa que sea así, puesto que es un grave y cómodo error considerar que existen personas mejores que otras. Es sólo que muchas personas no intentan hacer las cosas mejor, aún pudiendo hacerlo. Eso no me parece bien y no estoy dispuesto a dejar de reírme interiormente.
Lo importante de todo esto es: qué derecho tiene uno de reirse interiormente de otra persona, que hay que ser consecuente cuando se ríe de alguien porque de uno también pueden reírse otros y sobre todo: qué es lo que considero como "mejor" que una persona deba o no hacerlo; que de seguro es subjetivo.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Espectadores
Espectadores
¿Cuándo empezamos y cuándo dejamos de serlo?
Animado por el espectáculo, Ramírez se despojó de sus quehaceres habituales y acudió de inmediato a centrar su atención en lo que se presentaba voluntario ante sus ojos. Él no conocía el por qué de aquel maravilloso espectáculo, pero sin duda no iba a dejar de observar hasta estar seguro de que éste terminara. ¡Grandioso entretenimiento que me brinda la naturaleza! ¡jamás desaprovecharía tal maravilla!
Existe una interesante diferencia entre el estado activo y pasivo de un individuo mental, y aún más interesante me parece analizar la transición y el desencadenante entre ambos estados. En el estado pasivo, un individuo no interviene en escena, no participa, no hace nada sino observar y disfrutar.
(continuará)
¿Cuándo empezamos y cuándo dejamos de serlo?
Animado por el espectáculo, Ramírez se despojó de sus quehaceres habituales y acudió de inmediato a centrar su atención en lo que se presentaba voluntario ante sus ojos. Él no conocía el por qué de aquel maravilloso espectáculo, pero sin duda no iba a dejar de observar hasta estar seguro de que éste terminara. ¡Grandioso entretenimiento que me brinda la naturaleza! ¡jamás desaprovecharía tal maravilla!
Existe una interesante diferencia entre el estado activo y pasivo de un individuo mental, y aún más interesante me parece analizar la transición y el desencadenante entre ambos estados. En el estado pasivo, un individuo no interviene en escena, no participa, no hace nada sino observar y disfrutar.
(continuará)
domingo, 17 de enero de 2010
Culpabilidad Humana
¿Qué culpa tiene un ser humano cuando actúa por instinto?, ¿qué culpa tiene cuando se comporta según sus gustos y atracciones irracionales?
¿Qué culpa tiene cuando insulta o falta el respeto a alguien, cuando se mete en la intimidad de otros, cuando es infiel a su pareja?, ¿qué culpa tiene cuando no se comporta éticamente?
No se suele pensar en una escala cuantitativa de culpabilidad. Pensemos ahora nosotros en una escala: 0 es ninguna culpa y 100 total culpa (por ejemplo).
Muchos seres humanos se empeñan en asignar una culpabilidad exactamente de 100. Consideran que si un ser humano infringe los valores morales o éticos, o no se comporta inteligentemente, es debido únicamente a que no ha sido capaz de contener sus sentimientos y actuar según la razón, pudiendo evitarlo.
Muchos otros seres humanos, aunque menos, se empeñan en asignar una culpabilidad de 0 (o muy cercana a 0), pues opinan que el ser humano es en el fondo un animal irracional, y cualquier comportamiento de este tipo está perfectamente justificado y, por tanto, excusado.
Ni una postura ni en otra, muchos seres humanos, según cada uno su forma de pensar, experiencia y creencias, asignan con rigor un valor arbitrario de culpabilidad para las acciones o comportamientos que consideran incorrectos.
Sin embargo, lo cierto es que no se conoce actualmente una fórmula que permita asignar la culpabilidad de un ser humano de forma correcta, objetiva y justa. ¿Por qué no se conoce dicha fórmula?, ¿acaso existe?
Bien, imaginemos ahora a un animal (un ser completamente irracional), por ejemplo un cocodrilo. ¿Alguien le asignaría algo de culpabilidad si nos acercamos para darle de comer y nos devora el brazo entero?, ¿alguien pensaría que el animal ha podido evitarlo y no ha querido?
Ahora imaginemos el caso contrario, una máquina (un ser completamente racional), por ejemplo un coche, un teléfono o un ordenador. Nadie asignaría culpabilidad a la máquina, sino a quien la ha construido. Aunque algunas personas sí que culpan a las máquinas de las acciones que realizan, pero eso es otro debate.
¿Por qué tanto en el caso de los animales como en el de las máquinas no hay duda sobre la culpabilidad y en el caso de los seres humanos no encontramos ninguna fórmula correcta?
Sin duda la respuesta se encuentra en la naturaleza de cada ser. En el caso del ser humano, se combinan componentes racionales e irracionales. Por tanto, el objetivo es descubrir el grado de influencia que de forma natural tienen ambos componentes entre sí.
Parece que físicamente el componente racional se encuentra en la corteza cerebral de los seres humanos, y ésta tiene una determinada interfaz con el resto del cuerpo que es el sistema nervioso. No cabe duda de que supone un esfuerzo para el ser humano superar las indicaciones que el sistema nervioso envía a la corteza cerebral, o lo que es lo mismo, supone un esfuerzo superar con la parte racional las órdenes procedentes de la irracional.
La cuestión es cuantificar este esfuerzo que existe, es real y es completamente natural. Si este esfuerzo fuera conocido, sería exacta y únicamente de lo que debe depender la culpabilidad de un ser humano.
Ahora bien, aunque puede ser más o menos complejo obtener una medida de dicho esfuerzo, lo peor es que dicho esfuerzo pueda ser variable para cada ser humano. Entonces, se hace bastante más elevado el coste de cuantificar el esfuerzo, pues debe hacerse para cada individuo.
No obstante, en cualquier caso, sólo mediante la cuantificación de dicho esfuerzo se puede obtener una fórmula correcta, objetiva y justa para la culpabilidad humana.
Gualberto.
¿Qué culpa tiene cuando insulta o falta el respeto a alguien, cuando se mete en la intimidad de otros, cuando es infiel a su pareja?, ¿qué culpa tiene cuando no se comporta éticamente?
No se suele pensar en una escala cuantitativa de culpabilidad. Pensemos ahora nosotros en una escala: 0 es ninguna culpa y 100 total culpa (por ejemplo).
Muchos seres humanos se empeñan en asignar una culpabilidad exactamente de 100. Consideran que si un ser humano infringe los valores morales o éticos, o no se comporta inteligentemente, es debido únicamente a que no ha sido capaz de contener sus sentimientos y actuar según la razón, pudiendo evitarlo.
Muchos otros seres humanos, aunque menos, se empeñan en asignar una culpabilidad de 0 (o muy cercana a 0), pues opinan que el ser humano es en el fondo un animal irracional, y cualquier comportamiento de este tipo está perfectamente justificado y, por tanto, excusado.
Ni una postura ni en otra, muchos seres humanos, según cada uno su forma de pensar, experiencia y creencias, asignan con rigor un valor arbitrario de culpabilidad para las acciones o comportamientos que consideran incorrectos.
Sin embargo, lo cierto es que no se conoce actualmente una fórmula que permita asignar la culpabilidad de un ser humano de forma correcta, objetiva y justa. ¿Por qué no se conoce dicha fórmula?, ¿acaso existe?
Bien, imaginemos ahora a un animal (un ser completamente irracional), por ejemplo un cocodrilo. ¿Alguien le asignaría algo de culpabilidad si nos acercamos para darle de comer y nos devora el brazo entero?, ¿alguien pensaría que el animal ha podido evitarlo y no ha querido?
Ahora imaginemos el caso contrario, una máquina (un ser completamente racional), por ejemplo un coche, un teléfono o un ordenador. Nadie asignaría culpabilidad a la máquina, sino a quien la ha construido. Aunque algunas personas sí que culpan a las máquinas de las acciones que realizan, pero eso es otro debate.
¿Por qué tanto en el caso de los animales como en el de las máquinas no hay duda sobre la culpabilidad y en el caso de los seres humanos no encontramos ninguna fórmula correcta?
Sin duda la respuesta se encuentra en la naturaleza de cada ser. En el caso del ser humano, se combinan componentes racionales e irracionales. Por tanto, el objetivo es descubrir el grado de influencia que de forma natural tienen ambos componentes entre sí.
Parece que físicamente el componente racional se encuentra en la corteza cerebral de los seres humanos, y ésta tiene una determinada interfaz con el resto del cuerpo que es el sistema nervioso. No cabe duda de que supone un esfuerzo para el ser humano superar las indicaciones que el sistema nervioso envía a la corteza cerebral, o lo que es lo mismo, supone un esfuerzo superar con la parte racional las órdenes procedentes de la irracional.
La cuestión es cuantificar este esfuerzo que existe, es real y es completamente natural. Si este esfuerzo fuera conocido, sería exacta y únicamente de lo que debe depender la culpabilidad de un ser humano.
Ahora bien, aunque puede ser más o menos complejo obtener una medida de dicho esfuerzo, lo peor es que dicho esfuerzo pueda ser variable para cada ser humano. Entonces, se hace bastante más elevado el coste de cuantificar el esfuerzo, pues debe hacerse para cada individuo.
No obstante, en cualquier caso, sólo mediante la cuantificación de dicho esfuerzo se puede obtener una fórmula correcta, objetiva y justa para la culpabilidad humana.
Gualberto.
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