miércoles, 2 de junio de 2010

Una reflexión acerca de la naturaleza de los seres vivos: sistemas distribuidos y centralizados

Los seres vivos con cerebro (los animales) son sistemas complejos a la vez distribuidos y centralizados. Combinan ventajas e inconvenientes de ambas arquitecturas. Al ser un sistema distribuido adolece del siguiente problema (por ejemplo): si un componente tiene un comportamiento defectuoso que, en lugar de cooperar en conjunto por el sistema, va en contra del mismo, como las células cancerígenas, dado que en esencia tiene un comportamiento autónomo (por la naturaleza del sistema distribuido), se produce un enfrentamiento entre componentes con intereses contrapuestos, sin ningún núcleo o sistema central que lo regule. Por tanto, se aplica la más básica de las leyes naturales: persecución de la supervivencia. El sentido de sobrevivir de un componente es funcionar para lo que ha sido diseñado, no otro. Cuando un componente está defectuoso, su función se modifica, y entra en contradicción con otros componentes. En este contexto, ya digo, se produce una evolución en la que sobrevive el más preparado para la pelea. Al final prevalece lo que esté más acorde con la Ley Universal, y no es precisamente la cooperación sistemática, precisa y con normativa reguladora de un sistema complejo, es la salvaje supervivencia autónoma.

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