miércoles, 12 de septiembre de 2007

Tratado Dialéctico sobre la Naturaleza II: Encuentro en la Cafetería

Era un tranquilo y cálido día de otoño cuando se encontraba Zacarías almorzando en su casa del campo con su mujer. Comían en la terraza pues hacía buena temperatura y además notaban más presente a la naturaleza.
  • ¿Cómo te encuentras hoy, Ana?
  • Me siento melancólica, echo de menos mi antiguo trabajo. Quizá no vaya contigo hoy a natación
  • Me preocupas, llevas días así
De imprevisto, el perro, que se encontraba cómodamente tumbado en el césped, alzó su vista pues notó un cambio en su panorama: una paloma se posaba en lo alto del cercado. Una vez determinada la situación, el animal agachó su cabeza.
  • ¿Cómo describirías tu melancolía? – Le preguntó Zacarías
  • Pues no lo sé, como cuando tú estás nostálgico, supongo
  • Menos mal que yo también me he sentido melancólico alguna vez y puedo comprenderte
  • Claro, sino creo que sería imposible explicarte exactamente qué se siente – Le respondió segura su mujer
Acabaron quizás más tarde de comer de lo habitual, por lo que Zacarías se apresuró a prepararse para su sesión de natación. Le dio un beso a su mujer y se dirigió hacia el palenque de deportes, en el centro de la ciudad.

Una vez allí, y tras varios baños, se encontró con su amigo Daniel, al cual conoció hace años en aquel lugar durante las primeras sesiones de natación.
  • Tengo una pregunta para ti, Daniel – Le advirtió Zacarías
  • Dime hombre, me gusta razonar contigo
  • ¿Crees que existe alguna manera de determinar de forma unívoca algún pensamiento o sentimiento? – Le preguntó Zacarías
  • ¿Te refieres a describirlo para hacérselo entender o transmitirlo a alguien que no lo conozca?
  • Quizá no tanto para que lo entienda, sino para que sepa imitarlo perfectamente
  • Eso relaja un poco las condiciones. No obstante, creo que existen numerosos sentimientos que no pueden ser descritos para ser simulados por alguien que nunca los ha sentido
  • ¿Y qué me dices de los pensamientos; pueden estos ser descritos como si de una receta de cocina se tratase?
  • Pienso que… los pensamientos deben ser inducidos a partir de conocimiento, siendo el propio individuo, receptor del pensamiento, el que debe generarlo a partir del conocimiento que se le presente ante él
  • De este modo – Continuó Daniel – Cuando un profesor quiere hacer llegar un determinado pensamiento de forma exacta a un alumno, debe prepararle una apropiada secuencia de conocimientos que lo induzcan, de forma natural, a que sea él mismo quien lo genere
  • Claro, de otro modo tendría que existir un mecanismo de implantar dicho pensamiento en el cerebro sin pasos intermedios, ¿no es cierto? – Le sugirió Zacarías
  • Sí, aunque eso lo veo improbable
  • Muy bien Daniel, un placer hablar contigo
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