Érase una vez un mundo donde no existían las personas ni los seres vivos, tan sólo existían máquinas y materia inerte. Era un mundo sin vida tal como la conocemos.
En este mundo, las máquinas estaban muy perfeccionadas, tanto que su comportamiento aparente era idéntico al de los seres vivos, incluso al de las personas. Las máquinas se alimentaban de materia, se relacionaban entre ellas e incluso perecían.
Las máquinas de este mundo tuvieron su origen, hace mucho, mucho tiempo, a partir de organismos vivos inteligentes que las fabricaron y diseñaron para que ellas mismas se perfeccionasen y adaptasen con facilidad.
Las máquinas pensaban, realizaban cálculos en tiempo real sobre los datos observados y respondían con su cuerpo en consecuencia, según complejos y refinados algoritmos.
Las máquinas también sentían, y sus sentimientos interferían en su proceso de pensamiento. Esta interferencia impedía que las máquinas realizasen las acciones más convenientes y erraran.
Para que las máquinas sintieran, sus creadores usaron para su composición materia susceptible a ciertos fenómenos físico-químicos. Así, cada partícula material de la máquina puede ser estimulada por la luz, la temperatura, la presión, la composición química de su entorno, y muchos otros factores físico-químicos. A esta materia la llamaremos materia sensible.
No todas las partículas de la máquina se estimulan con los mismos fenómenos, ni todas responden de igual modo. Hay distintos tipos de componentes materiales según su tipología de estimulos y su reacción.
Las máquinas fueron diseñadas en base a una composición modular. De esta forma, disponían de varios módulos:
- un módulo de nutrición: el cual gestiona la ingestión de alimentos, la asimilación de los mismos y la excreción
- un módulo de expresión: el cual genera fenómenos físico-químicos en los que se codifica un mensaje que la máquina quiere transmitir al exterior, tales como sonido, olor, movimiento corporal, etc
- un módulo de pensamiento: el cual gestiona los cálculos, los pensamientos
- un módulo de control: encargado de supervisar el buen funcionamiento del sistema y de actuar en consecuencia en caso contrario
- un módulo de comunicaciones: encargado de canalizar los mensajes entre los distintos módulos
Todos los módulos estaban hechos íntegramente de materia, y toda la materia era sensible, es decir, se estimulaba y reaccionaba con ciertos fenómenos físico-químicos.
Cuando la materia de la máquina, o la máquina en sí, recibía condiciones físico-químicas dentro de un rango operativo normal, ésta funcionaba sin ningún obstáculo y su potencial era del 100%. Su comportamiento es completamente predecible, y otras máquinas podían predecirlo.
Cuando las máquinas no reciben condiciones físico-químicas en el rango normal, o bien la materia modifica este rango y las condiciones, aún constantes, dejan de ser normales, éstas operan de un modo diferente. Influida por el exceso o defecto en alguna/s de estas magnitudes físico-químicas, la materia sensible actúa automáticamente en consecuencia para corregir esta situación.
Las máquinas fueron diseñadas para que el módulo de pensamiento quede aislado, pero conectado, del resto de módulos. De este modo, las decisiones de alto nivel de la máquina son siempre tomadas por este módulo. No obstante, el módulo de pensamiento, al igual que cualquier otro, es susceptible de ser alterado por ciertos fenómenos físico-químicos, modificando su funcionamiento normal.
Las máquinas, tras miles de años de evolución y perfeccionamiento, han creado modelos conceptuales de la realidad que usan para realizar con eficacia y eficiencia las acciones para las que han sido diseñadas. Estos modelos están basados en hechos reales. Unos modelos son más abstractos y tienen más entidad y otros son más concretos.
continuará...
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